• EN EL TERRITORIO

    DEL TURTUPILÍN

    DIBUJOS: JUAN ALCA ZAVALA



    POR: SONIA R. BALDÁRRAGO

    Especialista en Comunicación del Paisaje y la Biodiversidad

  • La primera vez que los vio, se paraban sobre una ramita o un palo. Algo que les diera buena vista para acechar a sus presas: los insectos. Era el año 2008 y se le veía en los jardines, recuerda Juan Alca Zavala. En el 2010, las áreas verdes se redujeron y la presión de insectos era mínima. Se dejaban notar muy poco. En dos años, el Asentamiento Humano Dignidad Nacional en Mala, Cañete, ubicado al sur de Lima, capital del Perú, donde vivía Juan, cambió y el aparecía muy rara vez.  

    Pasaron los años y Juan Alca se mudó a otro distrito en Cañete: Calango. Una zona rural favorable para los insectos. Allí se le ve con bastante facilidad. Su distribución se debe principalmente a la abundancia de los insectos, que sobrevuela por sobre la variedad de plantas y cultivos. Su presencia está limitada a la existencia de los insectos. Juan se quedó para estudiar agronomía en la Universidad Nacional de Cañete y allí contó los avances de su investigación gráfica del iniciada hace dos años.
  • El color

    El macho es de color rojo intenso, a veces tiene tonos naranjas y su espalda es de color negro. La hembra se diferencia por sus tonos grises y suele tener el pecho rosado o naranja. A veces trillado, con manchas plomas y cremas.

    Pero cuando su coloración es diferente, hay problemas. El leucismo, es una enfermedad que inhibe el desarrollo de la melanina (que produce el color negro). Hace que algunas partes o todo el plumaje se vuelva blanco o presente manchas. Puede tratarse de mutaciones o adaptaciones.

    Una especie que no tenga sus colores llamativos, no garantiza salud frente a la hembra. Alguien, con quien dejar descendencia.
  • TURTUPILÍN MELÁNICO. HEMBRA Y MACHO

  • Al sur y al norte de Lima, se le ha visto en tonos melánicos. Machos con tonalidades negras a marrones o pardos intensos. Incluso hay hembras que tienen esa tonalidad. Pese a ello, se les ve en parejas. No se podría decir que es una limitación para su reproducción, dice Juan Alca. Fue Tavera (2011), Coordinadora del Programa de Anillamiento de Aves (PAC) del Centro de Ornitología y Biodiversidad, quien registró la primera hibridación entre un melánico y no melánico en las costas de Lima. Entre Calango y Mala, también se ven turtupilines melánicos. Se necesitan más estudios que mencionen cuál es la preferencia de los machos coloridos, los machos intensos o los turtupilines melánicos u oscuros. Del mismo modo, hay aves con leocismo, que consiste en la presencia de manchas a falta de coloración en las plumas. En Calango, se vieron machos con leocismo, con poca pigmentación en el pecho y en la cabeza, donde se muestra el rojo. Con manchas blancas o descolorido. En agosto de 1927, se encontraron dos ejemplares de turtupilines con albinismo (predominio del color blanco, incluso el tejido dérmico) parcial en el departamento de Lima, tal como citó Torres y Franke (2008).  

    ¿Se trata de características favorables y/o desfavorables a la vez? Los colores intensos siempre son llamativos o una señal que un animal es probablemente fuerte y vigoroso, pero también es una advertencia. Mientras que los colores opacos, comunican lo contrario y en la reproducción podría tener desventaja. Sin embargo, la hembra no tendría mucho problema, porque es la que carece de pigmentación. La hembra es la receptora del macho que va a ayudar a generar su prole y fijar sus características. Aunque eso dependerá si lo acepta o no. El macho, sí tendría problemas para demostrar su buena salud.

    Cuando son polluelos, es difícil diferenciar una hembra de un macho. Todos se parecen más a la hembra, por la falta de colores. Incluso, se le puede confundir con un polluelo de otra especie. De juveniles, siguen teniendo tonos grises y pueden confundirse con polluelos de otras especies.

    Como el macho presenta un antifaz, el uso de colores negros o grises en la secuencia de dibujos de Juan Alca, podrían ayudar a posicionar sus rasgos. Tonalidades que pueden distinguirse en el momento de su vuelo o cuando está cazando. Cuando ya no cambian a tonalidades más intensas, se puede decir que es una hembra. Y cuando en su cabeza empiezan a notarse las tonalidades rojo a rosadas y el antifaz, será un macho.
  • Conquista


    Además de los colores, la búsqueda de un buen insecto para la hembra podría ser determinante en encontrar su pareja. La aceptación de la hembra podría depender de las acrobacias del macho. Tal vez lo aceptaría si le trae un insecto volador, más difícil de capturar. Juan observó que es más fácil capturar una tijereta o una polilla, que una libélula bastante veloz. La hembra decidirá si vale la pena compartir su sexualidad y compartir su descendencia.
  • Territorialidad, nidificación y alimento


    El es pequeño. No supera el tamaño de una tortolita común o de un gorrión europeo. Pese a ello, su capacidad de volar es muy buena para cazar en tramos cortos. El macho puede verse más grande, pero es porque eriza las plumas para demostrar su vigorosidad o repeler a otras aves de su territorio. Con más razón cuando es responsable de sus polluelos.

    Se ve limitado de volar tramos de mayores distancias a su propia capacidad. Es territorial y puede desplazarse entre dos a cinco hectáreas. Por eso prefieren zonas con gran cantidad de insectos. Si se establecen en una huerta, se les verá el 60% en la huerta acechando a los insectos. El macho protege su zona. Por eso, es común ver a dos turtupilines enfrentándose por su territorio, sobre todo cuando tienen pareja. A veces llegan parejas jóvenes, pero son retirados por la pareja existente en el lugar que se establecerán. Allí surgen los conflictos. A veces pueden encontrarse dos machos, pero es porque están buscando un nuevo nido. Un lugar donde vivir. Pero no es que se toleren entre ellos.  

    Los turtupilines son valientes al defender su territorio. Se enfrentan con aves rapaces como el gavilán acanelado. Cantan en señal de alerta y le dan picotazos en su espalda y cabeza. Aunque para el gavilán son insignificantes. Su agresividad es una ventaja que ha garantizado su supervivencia en paralelo con la monogamia. Una pareja se mantiene a lo largo de varias generaciones.  

    Se desplaza en áreas naturales como zonas ribereñas, árboles viejos en estado de lignificación como el molle. Áreas donde crece una planta llamada comúnmente pájaro bobo. Desde todos estos lugares busca siempre visualizar a los insectos. “Una vez recuerdo que de pronto cayó una mariposita negra. La ayudamos a volar con mis amigos. Ya estaba elevándose alto, pero de pronto el apareció y se la comió”, recuerda Juan. Es un cazador muy atento al desplazarse.
  • Nidifica en árboles altos o densos, donde pueda camuflarse de sus depredadores. El macho es quien busca un lugar adecuado. Cuando se acurruca como lo hace la hembra, indica que encontró un lugar para establecer el nido. Previamente, verificó la posición del árbol, su fuerza para sostener el nido y la posición de las ramas. “A veces sigo a un macho y a una hembra para observar su paternidad, pero cuando me doy cuenta no hay ningún nido. Dentro de un árbol el no tiene capacidad de desplazarse. Entonces, me doy cuenta que solamente está buscando un nido”, cuenta Juan Alca. Pueden ser árboles de granados, manzanos, durazneros, huarangos o poncianas. También buscan árboles abiertos, pero se le observa más en árboles frondosos para dificultar la entrada de sus depredadores. Para protegerse de la lluvia u otro fenómeno natural. En los parques de Mala crecen poncianas y pacaes. Allí se le ve.  

    La hembra se encarga de construir el nido. Va juntando ramitas, telarañas, pelos o plumas para formar un nido similar a una copa pequeña. Del tamaño de una taza de té normal. Pondrá dos o tres huevos, dependiendo de su buena alimentación por la presión de insectos. Puede estar 14 días empollando, incluso más. Además, debe mantener una buena temperatura de los huevos que eclosionan en un solo día o en días intercalados. Puede depender de la postura del huevo, la temperatura o los cuidados.
  • Al nacer, los padres desaparecen los restos de los cascarones rotos. Tratan de ocultar la escena para despistar a los depredadores.

    Juan Alca, advierte que cuando la gente toca los huevos del , bota sus huevos o los rompe, porque sabe en qué posición los dejó y si los encuentra removidos pensará que el embrión se malogró. Eso pasa con otras aves o reptiles, cuando notan sus huevos removidos. Los abandonan o los picotean también por temor, porque piensan que es de otra especie. Lamentablemente, el coloca sus huevos en árboles fáciles de trepar. Los niños tienen una manía de tocar los huevos con palos, ocasionando problemas.
  • En general, en el reino animal, el macho suele ser el más fuerte. Si la hembra está empollando, puede salir dos o tres veces. De preferencia no sale. Su búsqueda de alimento es limitada y no por ello pierde su capacidad de acechar a sus presas. El encargado de capturar insectos, es el macho. Participa con la mitad de la alimentación y las labores de cuidado de sus polluelos. Si la hembra sale, corre el riesgo de que otra especie le robe el nido o una especie parásita ponga su huevo y habite su nido. Juan Alca explica que, en lugares de vegetación densa, se le ve al tordo renegrido amenazando en poner sus huevos en los nidos del . Esto no ocurre en los parques, donde a pesar de haber árboles abiertos, el construye sus nidos sin temor.

    Aunque la alimentación de los turtupilines se basa en insectos, algunas veces puede recurrir a los frutos. No sólo busca insectos aéreos, sino también terrestres como grillos, saltamontes, tijeretas o dípteros como las moscas. Esa dieta variada le ayuda a fijar sus colores intensos.

    Cuando el macho caza el insecto, realiza un baile de cortejo frente a la hembra. Le demuestra sus tonalidades y su capacidad de vuelo. Si la hembra acepta el insecto que el macho coge con el pico, en ese instante aprovechará para copular y generar un fuerte compromiso con la hembra. Esto pasa mientras mantiene el vuelo en el aire y la hembra se distrae con su presa. Es una de las actividades bastante difíciles.
  • Las épocas cálidas de Mala, son ideales para reproducirse. En marzo se les ve en parejas, también en junio y a veces en setiembre, donde hay presión de alimento. Aunque, la reproducción se enfoca en épocas cálidas, donde se puede encontrar muchas presas. En junio, pueden verse dos polluelos. Pero en la primavera, donde hay mayor presencia de insectos, puede verse entre tres y cuatro pollos.  

    Luego de las dos semanas de haber nacido los polluelos, siguen dependiendo del macho, aunque la hembra ya empieza a participar de la búsqueda del alimento, sin descuidar la limpieza del nido o su temperatura.  

    Las personas que capturan un y pretenden darles alpiste o arroz, como alimento, cometen un grave error. Su alimentación está basada principalmente de insectos. No sobrevivirían.
  • Estudio

    Juan Alca eligió al dibujo como su principal instrumento de estudio, porque una sesión fotográfica, sería una inversión bastante grande. Se requieren equipos. En este caso, el dibujo ayudó a conocer el comportamiento del . Acercarse de manera precisa a sus características de coloración y describir su comportamiento en largas jornadas de observación, que Juan inició hace dos años.

    Su habilidad como observador, le permite establecer más comparaciones. Por ejemplo, surge una duda: ¿el podría ser considerado un regulador eficiente de insectos? Para Juan, entre el guardacaballo (Crotofarus sulcirostris) y el , hay una diferencia en la eficacia como controlador de insectos. El guardacaballo podría tener un 40% de eficiencia como controlador y el , solo un 20%. Una teoría que podría comprobarse en las huertas de Mala.
  • El reinicio del ciclo

    A los 25 días, los polluelos salen a conocer y aprender todas las habilidades de sus padres. Cuando el macho y la hembra fijan sus características físicas, en ese momento los padres dan un paso al costado. Los polluelos aprenden a volar y cazar. En un futro harán lo mismo con sus otros polluelos. Es la etapa de despedida. Una nueva aventura comenzará.  

    Referencias:
    Tavera F. E. (2011) Primer registro de hibridación entre la variación melánica y no melánica de la subespecie Pyrocephalus rubinus obscurus. Cotinga (33) 87-88
    Torres M., y Franke I., (2008). Reporte de albinismo en Podiceps major, Pelecanus thagus y Cinclodes fuscus y revisión de aves silvestres albinas en el Perú. Revista de Biología 15 (1) 105-108