La documentación corresponde al Trabajo de Fin de Máster realizado en setiembre del 2016, con la asesoría del Dr. Juan José Ponz Izquierdo en la Universidad de Navarra, España.

Introducción al paisaje

Existen numerosas formas de documentar los paisajes. Lo más habitual es la realización de mapas, fotografías o dibujos, que son métodos muy empleados por la Geografía, el Urbanismo o la Ordenación del Territorio. 

Pero ¿qué es el paisaje?   Para Joan Nogué (2007), es un “producto social”. Si no existe una persona que mira y que interpreta la realidad territorial no hay paisaje. Su premisa apunta a una nueva dimensión de documentar los paisajes, ya que de alguna manera están “encerrados” en la mente de las personas, convirtiendo a los ciudadanos en testigos privilegiados para el investigador. A través de sus testimonios se puede conocer el paisaje, reconstruir el pretérito y percibir los cambios o transformaciones que se producen en el espacio geográfico. Las personas aman su paisaje en función de sus vivencias y crean una figura única de emociones. En este sentido, la historia de cada uno se vincula con la de los otros y sus lugares significativos emocionalmente (Stokowski, 2002). Al final, la suma de individualidades refuerza la identidad colectiva (Glover, 2013).

En ese proceso, aparece la comunicación para interpretar el paisaje, usando el método de las narrativas (Ruel, 2014), donde la memoria del individuo y del colectivo, dependen de ese entorno en el que se ubican los narradores (Souza, 2018). Las personas aportan información única sobre los paisajes que difícilmente se podría obtener por otros métodos. Si aceptamos que el paisaje es una “percepción polisensorial y subjetiva de la expresión externa o imagen que transmite el sistema territorial” (Gómez, Gómez y Gómez, 2015), es difícil imaginar la manera de registrar aspectos como el olor del campo, si no es mediante el testimonio.

La narrativa se va creando con eventos aleatorios (Barthes y Duisit, 1975). Produce conocimiento de esos eventos temporales, que contienen memoria y dan sentido a las experiencias vividas, (Glover, 2013). El análisis del discurso comunicativo busca las formas de ver el paisaje, (Duncan y Duncan, 2009). Prioriza el relato emocional que aporta valor “al alcance ético de las transformaciones que sufren los entornos humanizados”, (Arribas, 2014, p. 89).

Martínez (2000, p. 228) repetía la pregunta y respuesta que Víctor Hugo hizo en 1843: “¿Qué es un pueblo sin su pasado?”. Respuesta: “Las personas aman su territorio en función de las vivencias con su paisaje y crean una figura del territorio lleno de emociones. En este sentido, el registro audiovisual favorece en la comprensión multidimensional del mensaje” y se puede tener una cercanía mayor con las experiencias personales, proporcionando en primera persona información no registrada (Oberti, Palomino y Skura, 2011, p. 15).

Un formato que usa prioritariamente a la narración, es el documental. La producción de la película, surge por primera vez durante el movimiento de la clase obrera de los años 1920 y 1930 (Mistry y Berardi, 2011). Se interesa por perspectivas particulares, desde la década de 1940 (Nichols, 2001). En Francia se le conocía por cinema vérité (verdad del cine) para documentar espontáneamente información (Aitken y Dixon, 2006). Uno de los primeros documentales sobre paisajes, fue “Nanuk, el esquimal”, estrenado en el año 1922, donde se observa a los esquimales en su antiguo entorno (Breschand, 2004). Otro documental de referencia es “Pescadores a la deriva” de Grierson, con su método de cine encuesta (Breu, 2010). Nichols (2017), recuerda que en los años 80, en el documental se empezó a reconstruir la historia que sucedió como una representación del pasado. 

El paisaje, en términos de comunicación, puede entenderse como “un pensamiento escondido que hay que encontrar detrás de las cosas y de las miradas (…), como una huella continua del hombre por decodificar”, (Besse, 2006, p.150). Se percibe a través de la memoria. Tiene una historia personal (Marchan, 2006). Es un espacio de acción (Lukinbeal, 2005). Se define como una representación sensorial y revela historias (Duncan y Duncan, 2009). Es una experiencia subjetiva, porque es vivido de diferente modo por sus habitantes y es su historia personal (Cordero, 2014). Las sociedades interiorizan el paisaje en el que viven con emociones y esos sentimientos son una manifestación comunicativa, que empezó a tener relevancia en la década de 1980 (Nogué y Vela, 2009). Existe un paisaje interior que suele ser invisible para los demás (Martínez y Nogué, 2007). “Se descubre como al clima (…) llevamos con nosotros un pasado, pero también unos paisajes” (Watsuji, 2006, p. 30).

Varotto y Rossetto (2016) analizan el documental Piccola Terra (2012), coproducido por un geógrafo y un equipo de comunicadores, donde se promueve la adopción de las terrazas abandonadas en el valle de Brenta en los Alpes italianos. Mistry y Aberardi (2011) desarrollaron una experiencia colaborativa con las comunidades indígenas en el Norte Rupununi en Guyana. Vélez-Torres (2013) aplica un proceso documental participativo (PDP) para construir historias paisajísticas de un conflicto territorial en Colombia. 

En la década de 1960, se empezó a considerar a la “participación” en los documentales (Nichols, 2001). En esta metodología, se implica a los investigados y puede ser influyente por la interacción. Con el video participativo, la comunidad crea sus propias películas “con su propio sentido de lo que es importante”. Aunque no existe una explicación de cómo debería ser una película paisajística (Varotto y Rossetto, 2016, p. 7).

Apenas hay investigaciones académicas a partir de un video documental, aunque se mantiene en debate, pero si es un método válido para producir datos visuales sobre el paisaje (Vélez-Torres, 2013, p. 300).

El estudio de la memoria del paisaje, se abre como una oportunidad para la comunicación. Mínimamente necesita de un espacio, un gesto, de una imagen y un objeto. Está entre el recuerdo y en la amnesia, habiendo una necesidad de documentarla (Nora, 1992).

Con lo dicho, el objetivo de esta nota, es conocer las memorias del paisaje de Noáin (Valle de Elorz) en la comarca de Pamplona al norte de España y encontrar en los colaboradores, la memoria que no fue registrada pero que se mantiene intacta en la familia con el riesgo de extinguirse, ya que como afirma Nora, posiblemente el siglo XXI sea “el siglo del olvido” (Erlij, 2018).

Asimismo, se usaron fotografías, porque refuerzan la narración. Muestran significados ocultos, de acuerdo a la conexión con el paisaje exterior, donde la comunicación es un proceso social, ya que los espectadores encuentran sus significados (Kasemets, 2014). Lo mismo ocurre con los dibujos, que más bien ilustran las memorias.

La comunicación ha explorado muy poco la interacción de las personas en su tiempo y espacio, (Nogué y Vela, 2009). El paisaje se muestra como un escenario sensorial de lenguajes que no han sido aprovechados en todas sus dimensiones, (Nogué, 2010).

Metodología

El área de estudio comprende el municipio de Noáin (Valle de Elorz), ubicado en el centro geográfico de la Comunidad Foral de Navarra, al norte de España, entre las sierras de Tajonar y Alaiz, atravesado por el río Elorz, que riega campos de cultivos principalmente de cereal. De acuerdo con el último Padrón Municipal de Habitantes (INE, 2019), a fecha 1 de enero de 2018, su población total era de 8224 habitantes, con una superficie de 48,3 Km2. 

Es un espacio de enlace para la movilidad de la zona, por la concentración de diferentes infraestructuras de relevancia para el conjunto del área metropolitana de Pamplona: el aeropuerto, un par de autopistas, las vías del ferrocarril, además de un polígono logístico denominado “Ciudad de Transporte”. Infraestructuras que, en su conjunto, han transformado notablemente el paisaje de la zona.

La capital del municipio, es Noáin. Está compuesto por 10 pueblos y para esta nota se concertó con informantes de cinco pueblos, que desarrollaron toda su vida en el valle:

En Noáin, José Elizari Belzunce (79 años); Imárcoain, Jesús Abaurrea Sarasate (71 años); Guerendiáin, César Sarasate Ruiz (45 años); Otano, Crescencia Biurrun Garde (90 años) y por Yárnoz, Elena Biurrun Echarte (46 años). 

Figura 1: Ubicación geográfica de los informantes

Elaboración propia

Narrativa en el documental

Se aplicó un proceso de reconstrucción de la memoria del paisaje de manera individual. Se identificó la identidad que cada uno tiene de su territorio, (Nogué y Vela, 2009). En este planteamiento se priorizó “qué es lo que queremos que alguien recuerde de ellos” (Villanueva, 2012).

Se incorporó la temporalidad (ordenando la cronología de las memorias), el contexto social (el paisaje) los eventos (o las memorias) y una conclusión evaluativa (en este caso una reflexión), tal y como recomienda Lynn McAlpine, en su trabajo sobre el uso de la narrativa como metodología de investigación (2016). 

Con la narrativa, se busca “conexiones particulares entre los eventos”. El enfoque es descriptivo, porque se quiso entender cómo los colaboradores “reconfiguran sus experiencias como historias y se representan a sí mismos”, donde atribuyeron una identidad personal al paisaje.  Se basó en la experiencia personal, más que en una historia personal, Glover (2013: 151; 159). 

No se trata de un documental participativo, como Picola Terra (2012) analizado por Varotto y Rossetto (2016), donde gran parte de la grabación es previamente participativa. Sin embargo, se asemeja en la colaboración e iniciativa. 

El documental intenta aplicar “un estilo hermenéutico abierto”, originando una re-presentación audiovisual del paisaje, (Varotto y Rossetto, 2016).

La influencia del “yo”, se desarrolla en el planteamiento de las preguntas. En el modo que se entonan las mismas a los protagonistas. Así como en la selección y ordenamiento de las narrativas más impactantes que explican el paisaje. 

Con esas premisas, se prepara un cuestionario de pre-entrevista, para capturar una perspectiva más amplia de los colaboradores sobre su paisaje, lográndose obtener más preguntas durante la entrevista. Luego, se estructuraron en un cuestionario con un total de treinta preguntas. D

La madurez de los informantes, les permitió reconstruir su paisaje pasado y presente, con un énfasis de nostalgia al paisaje (Cordero, 2014). 

La entrevista se desenvolvió en forma de conversación, lo que generó más datos narrativos, Glover (2013), donde el entrevistado “desentrañó la narrativa” (Souza, 2018).

Una vez que se se registraron las narrativas con un equipo de grabación de sonido adecuado, se procedió a dirigir la filmación de las memorias que los participantes van seleccionando. Todas las narraciones ocurrieron en primera persona. En la medida que se apropiaron de su paisaje, narraron con autenticidad (Nichols, 2001), creando una expectativa creciente que finalizó en una reflexión y una anécdota familiar cotidiana. Las filmaciones se realizaron en trece oportunidades, en espacios que fueron seleccionados por los mismos informantes. 

Las filmaciones se hicieron con cámara en mano, un método que empezó en la década de 1960 “para capturar la realidad”, (Aitken y Dixon, 2006). Se les preguntó por sus espacios preferidos y se les  delimitó su paisaje al lugar exacto donde sucedieron los hechos.

Búsqueda de archivos fotográficos

Las fotografías tienen un significado y valor social (Pattynama, 2010. Combina lo “real” con lo imaginario y algunas veces representan el abandono de lugares “cargados de emociones”. Aunque inicialmente contiene un significado personal, se convierte en un espacio universal y transitorio con una visión limitada, (Talmor, 2016), pero son más memorables que las imágenes en movimiento, porque son un segmento del tiempo y no un flujo, va fijando un momento privilegiado (Sontag, 1973).

A principios del siglo XX, Italia destaca al ser elegida por los fotógrafos para encontrar “paisajes íntimos” y evocar diferentes emociones que puede verse en los tres cánticos de Paesaggi Italici nella Divina Commedia, publicados en 1921-1922. La fotografía se convirtió en un medio para examinar una parte del paisaje (Maggi, 2016).

Aplicación del dibujo para la memoria del paisaje

Los dibujos en cambio, ilustran y representan las memorias de los informantes.  Se consideró esta técnica, porque el dibujo construye la historia de un territorio y aporta a la ordenación del mismo (Sabaté, Pesoa y Novick, 2016). Cada dibujo es una extensión de las memorias más significativas del paisaje, narrándolo a través de líneas, (Corner, 1992).

En este proceso, dibujar el paisaje creó una conciencia de lugar y autencidad, (Lavoie, 2005), que permite conocer las memorias de un paisaje humanizado (Fischer, 1989).

Resultados y discusión

Selección de las narrativas

Luego de ocho meses, se filmaron un total de veinticinco horas, con veinticinco minutos y diecinueve segundos de tiempo, distribuido de la siguiente manera:

1’49 ¿Qué es lo primero que observas desde tu casa? Mientras en Yárnoz y Guerendiáin se observa el monte, en Noáin, se observan las transformaciones, las carreteras y edificios.

2’49 ¿Qué es lo que te gustaría ver que no ves en tu paisaje? Se veían niños correr y gente caminando. Esto ha cambiado. Hay soledad.

4’53 ¿Qué cambios han ocurrido en tu paisaje? El paisaje se cerró con la autopista, con las carreteras y con el Canal de Navarra. Se construyó una Ciudad de Transporte en lugares de cultivo. No se terminó de aceptar el presente.

Es este momento, se evidencia alta tensión. Una resistencia frente a los cambios y el significado de la pérdida (McLean, Pasupathi y Pals, 2007).

8’22 ¿Qué había en tu paisaje antes de todos esos cambios? Habían pozos en todas las casas para guardar la carne. Habían “erasç2 para trillar el trigo. Ya no hay pajares. Habían árboles en la carretera.  En Otano, antes del Canal de Navarra, había un puente que se tapaba con la nieve por donde bajaban las ovejas a beber agua al río Elorz, donde también se lavaba ropa. Se usaba la leña del monte. En el Acueducto de Noáin, habían nidos con huevos de chovas. La gente subía para comérselos. En ese instante los informantes empezaron a mostrar las evidencias fotográficas.

14’17 ¿Qué momentos recuerdas más en el río de tu paisaje? El río era el entorno más preferido en el verano. Era una fuente de alimentos y muy profundo. Actualmente, su caudal es muy bajo y ha perdido en buena medida el carácter recreativo. 

17’46 ¿Qué momentos recuerdas del paisaje de tu infancia? Se destacaron recuerdos relacionados con la siembra, debido a la presencia de campos de cultivo, donde empezó a aparecer el rol de los niños en el campo.

26’05 ¿Cuáles eran tus juegos favoritos? Elena recordó la canción del corroncho de la patata durante la siembra. El chipi chapa, que consistía en lanzar una piedra al río y contar los saltos que daba. Así como el juego de la cabaña. Jesús, recordó que le gustaba subir las paredes de piedra para buscar nidos y ver si tenían huevos o crías. Subía a los chopos a ver si encontraban huevos de halcones. También hacía barquitos de junco que crecía cerca al río. César, recuerda y demuestra cómo hacían los collares de margaritas. De niños jugaban a ver quién cuenta más estelas que dejaban los aviones. Elena menciona que subían al monte y como prueba recogían helechos. Uno de los momentos más emotivos, fue cuando se bañaba en el río Elorz. Estaba en medio de los montes, de los encinares. El verano, era la época más feliz. Sus árboles favoritos eran los nogales y las higueras, porque se trepaba con sus hermanos. 

34’54 ¿Usas algún elemento que te proporciona el paisaje? No se mostró ningún uso particular.

36’14 ¿Cuál son tus lugares favoritos en el paisaje? El monte, los campos agrícolas y los caminos.

40’49 ¿Cuál es la estación que más te gusta? La primavera fue la estación preferida, luego el otoño e invierno. El verano no fue mencionado.

45’52 ¿Qué aromas percibes de tu paisaje? Se reconocieron aromas de especies vegetales, la mayoría silvestres, también de especies nativas e introducidas.

49’45 ¿Con todo lo vivido hubieras cambiado de paisaje?  Se evidenció un apego al paisaje en el transcurso de los años. Aunque no terminaron de aceptar los cambios, se resisten a abandonarlo y se conceptualiza al paisaje como un lugar de pertenencia, asociado a su familia, como un espacio de convivencia y de paz.

En la escena final, se mostró un coleóptero Timarcha tenebricosa, que contrasta la imagen de apertura con la sierra de Alaiz, para dar referencia a la escala del paisaje. Los informantes almacenan una gran cantidad de recuerdos sobre los momentos de su infancia. El mayor reclamo de los colaboradores recayó en las transformaciones del paisaje.

Contrastando los resultados, con el documental Aboio (Souza, 2018), en ambos casos se ven prácticas menos comunes y cotidianas, ya extintas. En Aboio, no se recurrió a las comparaciones entre el pasado y el presente, pero se alertó de los recuerdos que podrían desaparecer en el tiempo.

Dibujos realizador por los informantes Elena y Jesús.

Conclusiones

El proceso metodológico de la narrativa documental, demostró que puede ser útil para rescatar la memoria del paisaje Los informantes de Noáin (Valle de Elorz), que fueron entrevistados en tiempos casi paralelos, tampoco conocían las memorias narradas entre ellos y sirvió para identificar las emociones más importantes. Durante la lectura de las narrativas y el montaje de las imágenes, se revelaron memorias coincidentes sobre el reconocimiento del paisaje frente a los montes pero, al mismo al mismo tiempo, atravesado y tapado por construcciones e infraestructuras aparecidas en su mayor parte en las últimas décadas. 

Hay un pesar explícito con respecto a los cambios acaecidos y, simultáneamente, una importante nostalgia con respecto a los recuerdos, en los que destacan y coinciden los vínculos colectivos y de confraternidad entre vecinos, que se asocian a lugares muy concretos como, por ejemplo, el río Elorz. Las actividades agrícolas y ganaderas también formaron parte de sus memorias más intensas, donde se usaban elementos del monte y se convivían con los animales domésticos, entre ellos las ovejas y las aves que se veían por el monte. 

En este proceso, la recolección de fotografías fue fundamental para lograr un mensaje visual más reflexivo y emotivo. Ya que las narraciones describían escenas que fueron fotografiadas y que sirven como evidencia para saber cómo era el escenario paisajístico emotivo individual.  Se indetificó los lugares con mayor carga emocional, que puede ser útil para la gestión de los territorios.

En cuanto al uso del dibujo, que fue un proceso voluntario e ilustrativo, se identificó al río como un escenario de momentos familiares arraigados a la vida del campo, que aun siendo tiempos de trabajo, también lo fueron de felicidad para pasarlo en familia. Lo mismo ocurre en Imárcoain, donde se evidenció la importancia del monte en las actividades ganaderas. Eran los padres los que, a través de las actividades, brindaban al mismo tiempo la oportunidad de ver al paisaje, oírlo, quienes además buscaban una conexión mientras había que traer leña, desojar el maíz o llevar a los animales a beber agua al abrevadero.

Las memorias del paisaje, mostradas visualmente en un documental, permiten reflexionar en la toma de conciencia y reconectarse con el paisaje y se les puede considerar en el rediseño del mismo, donde incluso las nuevas generaciones pueden empezar a identificar valores emocionales de su propio paisaje que no veían. En adelante, también puede servir como medio para involucrar los compromisos de la sociedad con su paisaje. Contribuir en las decisiones de gestión del territorio, al ser consideradas en los procesos de gobernabilidad, como en los futuros proyectos que actualmente se están desarrollando en  Noáin (Valle de Elorz), a través de la reforestación y conexión de los caminos. Aprovechando así, los aspectos positivos que mejoren la calidad de vida del paisaje y lo conecten con las vidas de sus habitantes, poniendo en valor espacios que fueron significativos en otros tiempos y que pueden funcionar como espacios inspiradores para protegerlo.

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